Las iglesias domesticas Proto-Cristianas

INTRODUCCION

El espacio sacro es un elemento que se encuentra en todas las culturas.  Los cristianos desde sus orígenes no han sido ajenos a esto, pero su nueva fe los hizo mover fuera de los parámetros de su época.  Por un lado, los que venían del judaísmo, su punto de referencia era el Templo de Jerusalén.  Por el otro, los gentiles, su experiencia eran los templos paganos.[1]   Cómo fue que pusieron a un lado estos sitios en sus prácticas religiosas?  Acaso crearon espacio que reemplazaran a estos que eran prototípicos?  En este trabajo analizaré a partir de las primeras prácticas de estas comunidades como se fue desarrollando el espacio que reemplazó a los tradicionales lugares de culto.

Las Primeras Prácticas Cristianas

La mas antigua práctica de la fe cristiana que se conoce es la convocación de la asamblea de los creyentes.  Como se encuentra relatado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, los cristianos de Jerusalén continuaron con las prácticas religiosas del Templo (Hech 3:1) como así también en las sinagogas locales, en la medida en que se lo permitieron las autoridades religiosas judías.   Pero con el paso del tiempo, aquellos judíos que creyeron que Jesús de Nazareth fue el Mesías eventualmente tuvieron que encontrar su propio lugar donde realizar sus celebraciones.[2]  Esto no implicó que abandonaran sus prácticas judías pero ya no se reunieron mas en las sinagogas sino en sus propias casas. “Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.” (Hech 2:46)

No es difícil de deducir que las primeras comunidades no contaban con suficientes medios económicos, ni con una estructuras organizada como para poder desarrollar una arquitectura exclusivamente cristiana, acorde con sus nuevas necesidades.  De hecho se encontraban y realizaban sus reuniones donde podían.  Eso sí, desde el principio se caracterizaron por tener un desarrollo de la liturgia diferente, lo cual requería de encuentros regulares y espacios mas o menos amplios.[3]

El centro de sus celebraciones estaba en la cena, partían el pan y recibían las enseñanzas de los apóstoles.  Las casas constituían el epicentro de las reuniones y por ende fueron la estructura básica de la organización de las primeras comunidades cristianas.[4]  Los lugar de reunión fue adquiriendo mayores dimensiones en la medida que la comunidad iba creciendo. En el libro de los hechos de los apóstoles están registrados estos encuentros, Maria y otros se reunían para rezar en el salón de la planta alta, que debería ser el mas espacioso de su casa, y así poder recibir un grupo numeroso (Hech. 1:13-14).  Otro testimonio es cuando Pedro salió de la cárcel y fue a la casa de Maria la madre de Marcos, donde muchos cristianos estaban reunidos en oración (Hech. 12:12-14).

También sabemos que estos primeros cristianos continuaron con la tradición joánica de la celebración de bautismos.  Hay varias explicitas referencias en el libro de los hechos, como el bautismo de tres mil creyentes (Hech. 2:410, el bautismo del etíope eunuco (Hech. 8:36-38), y el bautismo del Centurión y de toda su casa (Hech. 10:34-42).  Probablemente estos bautismos fueron realizados en ríos u otras fuentes naturales de agua.

La Expansión: Fractura y Desarrollo

La comunidad cristiana se expandió mas allá de los limites del pueblo judío.  Luego de la disputa entre Pablo y Pedro en relación si era necesaria o no la circuncisión  para los no judíos,   estos fueron aumentando en numero dentro de las diferentes comunidades, principalmente en la diáspora.  Estos no participaban de las actividades del Templo, pero si de los encuentros en las casas, así lo muestra el encuentro descrito en Hechos 20:7-8, cuando Pablo presidió el encuentro en Troas.

La destrucción del Templo in 70 d.C., fue un hecho que no solo convulsionó al pueblo judío, sino que también a las comunidades cristianas del mismo origen.  La descripción de Flavio Joséfo nos da un reflejo de cómo fue aquello:

To give a detailed account of their outrageous conduct is impossible, but we may sum it up by saying that no other city has ever endured such horrors, and no generation in history has fathered such wickedness. In the end they brought the whole Hebrew race into contempt in order to make their own impiety seem less outrageous in foreign eyes, and confessed the painful truth that they were slaves, the dregs of humanity, bastards, and outcasts of their nation ….It is certain that when from the upper city they watched the Temple burning they did not turn a hair, though many Romans were moved to tears.[5]

No es el objetivo de este trabajo analizar las implicancias sociales, religiosas y psicológicas de este hito, pero si resaltar que fue un hecho de mayor trascendencia.  Por un lado estas primeras comunidades corroboraron la profecía realizada por Jesús, (Lc. 21:20) y por el otro los obligo a repensar el espacio sagrado.  Para ambas comunidades la destrucción del Templo fue un signo que marcó el final de una época.  Para los cristianos fue el comienzo  de la teología del nuevo templo de la Iglesia, cosa que hizo Pablo a través de su la simbología del “cuerpo místico de Cristo,”  y para los Judíos el traslado paulatino de las acciones religiosas a la sinagoga.

Como mencionamos anteriormente, el lugar de encuentro de los primeros cristianos no era un asunto de relevancia, era mas bien un tema de disponibilidad y conveniencia, puesto que su fe les indicaba que Dios no estaba confinando entre las paredes de un edificio sino que Él mora entre medio de las creyentes.

La Domus Ecclesiae

Con el tiempo y motivados por la necesidad de lugares mas adecuados, algunas de esas casas fueron renovadas y adaptadas exclusivamente como lugares para el encuentro de la asamblea.  Estos lugares son conocidos como domus ecclesiae.  Se puede decir que estas casas para la asamblea en principio estaban totalmente mimetizadas con las otras casas del barrio.  De hecho, los primeros cristianos no querían llamar demasiado la atención ni despertar hostilidades.  Estas iglesias domésticas proveyeron un contexto para la vida de la comunidad, un lugar para predicar, un espacio para recibir a predicadores itinerantes, y mediante la ayuda mutua una estabilidad económica para el grupo.

Los integrantes de la Iglesia venían de diferentes estratos sociales, lo cual mostraba la disposición de los cristianos de trascender las clases sociales, que en el mundo grego-romano era un regla que se respetaba a raja tabla.  En los primeros tiempos las mujeres eran los miembros mas prominentes de estas Iglesias-comunidades, eran las amas de casa de los lugares donde se reunían y probablemente también las lideres.[6]

El arquitectura cristiana de los primeros siglos se caracteriza por ser un espacio no sacro, que se fue desarrollando y tomando forma a los largo de los eventos de la vida cotidiana de estas primeras comunidades que estarían integradas por no mas de treinta a cincuenta personas.  Estos primeros miembros experimentaron una dimensión eclesial que recién pudo ser rescatada por el Concilio Vaticano II, aquella que dice que en la comunidad local se expresa la Iglesia Universal.  De este modo lo menciona Kevin Seasoltz:

The early domestic churches expressed the fundamental values of community life, but those Christian communities had to guard against exclusiveness and the kind of intergroup rivalry that developed in Corinth.  Each local house church would have been a symbolic expression of God as the head of humanity with the Christians as children adopted in Jesus Christ through the power of the Holy Spirit.  But each local house church would have had to relate to other house churches, all as brothers and sisters in Christ.  Hence, the early church was both local and universal.[7]

El Primer paso hacia la Institución

En la medida y dependiendo de las regiones, las comunidades cristianas fueron creciendo. Las iglesias domésticas se fueron multiplicando, sin desarrollarse ningún tipo de arquitectura en particular.  El Martyrdom de Justino en Roma indica esto por lo menos hasta el 165. Cuando el prefecto Q. Junios Rusticus le pregunta al mártir Justino donde comúnmente se reúnen los cristianos, él da una vaga respuesta, señalando que no hay un lugar específico de reunión , pero admitiendo que el se reúne con una asamblea que se encuentran en el mismo lugar donde él vive y enseña.[8]

Hasta el principio del siglo tercero, la asamblea se reuniría en las casas de los miembros mas pudientes.  La celebración de la cena, o sea de la eucaristía, tomaría lugar en el comedor (triclinium) o en otro lugar mas grande o que hubieses sido adaptado por la adición de uno ambiente o mas.

Recién en el siglo tercero los cristianos comenzaron a tener propiedades destinadas en forma exclusiva a la reunión de la asamblea.  Esto fue posible o mas bien facilitado por la existencia y convivencia pacifica de la Iglesia, el aumento del numero de los cristianos, y por la posibilidad legal de poder tener propiedades en común.  Se sabe que en Roma los cristianos compitieron con un tabernero por la compra de una propiedad del estado.  El emperador Alejandro Severo (222-255) dió preferencia a los cristianos ya que él considero que era mejor un lugar para el culto que uno para beber.[9]

El mejor testimonio escrito referido a los lugares de culto de los cristianos en el segundo y tercer siglo son de origen sirio.  La Didascalia Apostolorum (230 d.C. aprox.) provee la mejor de las descripciones de estas asambleas litúrgicas.[10]  Describe que el asiento del obispo debe estar al este, entre los asientos destinados a los presbíteros.  Los miembros de la asamblea también cuentan con sus sitios, los hombres al frente, y las mujeres después de ellos, con las niñas a un lado y las viudas del otro.  Las madres con hijos pequeños están sentadas aparte.  Los diáconos están parados a los costados de la puerta de entrada de modo de poder identificar quienes entran a la reunión de la asamblea.

Un ejemplo que ilustra este tipo de construcciones es en la domus ecclesiae en Dura-Europos (240-256).  Dura-Europos era una pequeña ciudad en el desierto de Siria sobre el Eufrates, establecida aproximadamente en el 300 a.C. como parte de la expansión griega sobre el Asia Menor.  El cristianismo fue introducido por los romanos durante su ocupación en el 163 d.C.

En las excavaciones realizadas se han encontrado varios edificios, entre ellos una sinagoga y una pequeña iglesia cristiana.

Esta estructura que en principio fue una casa privada fue renovada para ser utilizada como lugar de encuentro de los cristianos.  Se calcula que tuvo uso hasta antes de la mitad del siglo tercero.[11]  En el 256 la comunidad desapareció al ser destruida la ciudad.[12]  Originalmente tenia ocho habitaciones, con un patio, un pórtico, un vestíbulo y un hall de acceso.  Dos de las estancias fueron unificadas para dar lugar al encuentro de toda la asamblea. Otro de los ambientes fue convertido en baptisterio, y las otras habitaciones eran para diferentes usos, como para la enseñanza.  Las estancias de la planta altar serían utilizadas por los visitantes.  Se encontraron muchas paredes decoradas con motivos religiosos.  La casa de Pedro hallada en Carfarnaum revestiría las mismas características.   Lo mas importante de mencionar, es que estos espacios estaban totalmente diferenciados de los espacios religiosos greco-romanos.

Estas primeras iglesia nunca fueron considerados como templos ni como reemplazo de aquellos.  De hecho los primeros padres de la Iglesia siempre debatieron en contra de los templos paganos y sus prácticas.[13]

De acuerdo con Leslie Hoppe se han encontrado mas de 276 estructuras en la Judea que podrían ser identificadas como el principio de una arquitectura de iglesias.  Estas excavaciones son las que brindan información respecto a la liturgia practicada, en nivel social y el estatus económico de las comunidades cristianos en medio oriente.[14]

En algunos de estos edificios se han encontrado inscripciones que reflejarían el hecho de que algunas de esas iglesias fueron dedicadas en memoria de una persona  (posiblemente un donante), o en memoria de algún mártir.  Estas estructuras se conocen como “iglesias dedicadas.”  Otras se denominaron “memoriales”: son iglesias construidas en los lugares donde un particular evento de la vida de Jesús tomó lugar.

En general se puede decir, que previo al reinado de Constantino, no se reconoce un arquitectura propia de iglesias.  Salvo algunos pocos ejemplos que han quedado en pie, es difícil definir o ser precisos respecto a la arquitectura proto-cristiana.  El desarrollo de la arquitectura cristiana es un fenómeno que se produjo recién con el reinado de Constantino.

Las Iglesias domésticas solo fueron lugares para las celebraciones cristianas.  No eran lugares o monumentos sagrados para dar Gloria a Dios como los Templos, tampoco eran simples lugares de encuentro para los cristianos.  Las iglesias domésticas fueron lugares donde la asamblea rememoraba el Misterio Pascual.  Era la experiencia de la transformación de la vida cotidiana que los hacia distinguir de otras comunidades y lugares religiosos.

En las iglesias domesticas el énfasis lo encontramos en la asamblea.  Como se puede ver, no hay un diseño específico, los objetos no están ubicados en determinados sitios en particular.  Lo mas importante para estas comunidades era encontrarse en el nombre del Señor para celebrar su presencia en el medio de ellos, como el les había prometido.

Conclusión

Las iglesias domesticas fueron un espacio totalmente diferenciado de los tradicionales lugares religiosos de los primeros siglos.  Los templos greco-romanos y el Templo de Jerusalén eran monumentos sagrados, únicos y estáticos.  Eran símbolo de la estabilidad y de orden de los dioses, en el caso de los primeros, y de Dios en el caso de Jerusalén.  Por ende el culto estaba totalmente regulado.

En contrate con este sistema tan rígido, la liturgia de las iglesias domesticas eran espontáneas y diseñadas para que el centro fuese Cristo y a la comunidad cristiana reunida en su nombre.   El simbolismo de templo fue transportado y aplicado al Cristo Resucitado y a la comunidad de sus discípulos.  El Templo de Jerusalén fue movido en su simbolismo al templo del Espíritu Santo.  A diferencia del único Templo, el templo de los cristianos se expandió por todo el imperio romano con el concepto abstracto de ser templos en Cristo.

Durante estos primeros siglos las celebraciones en las iglesias domesticas fueron esencialmente acciones en común, pequeñas asambleas dirigidas por un líder, que presidía en nombre de Jesús, un rol totalmente diferenciado al del sacerdote del Templo. El presidente de la asamblea era un símbolo de unidad en la comunidad, un ministerio llevado a cabo en la oración y en el servicio.  La sacralidad cristiana fue expresada por las siguientes acciones:  comer, beber, proclamación, bautismo y unción.  En el siglo siguiente esto cambiara, y la sacralidad se moverá de las personas a los lugares.

Ver el link de la iglesia de Dura Europos 256 DC.

BIBLIOGRAFIA

Aguirre, Rafael. “Early Christian House Churches.” Theology Digest 12 (1985): 151-155.

Bouyer, Louis. Arquitectura y liturgia. Bilbao: Grafite Ediciones, 2000.

Bradshaw, Paul. The Search for the Origins of Christian Worship: Sources and Methods for the Study of Early Liturgy. New York: Oxford University Press, 2002.

Duval, Noël. “L’espace liturgique paléochrétien.” La Maison-Dieu 1993, 7-29.

Étienne, Roland, and Marie-Thérèse Le Dinahet, eds. L’Espace sacrificiel dans les civilisations méditerranéennes de l’antiquité : actes du colloque tenu à la Maison de l’Orient, Lyon, 4-7 juin 1988 Publications de la Bibliothèque Salomon-Reinach. Paris: Boccard, 1991.

Focant, Camille. “Dal tempio alla casa: lo spazio del culto in spirito e verità.” In Spazio liturgico e orientamento, ed. Goffredo Boselli, 87-104. Magnano: Edizione Qiqajon. Comunità di Bose, 2007.

Hoppe, Leslie J. The Synagogues and Churches of Ancient Palestine. Collegeville, Minn.: Liturgical Press, 1994.

Krautheimer, Richard. Early Christian and Byzantine Architecture. 3rd ed. Pelican history of art ; PZ24. Harmondsworth, Eng. ; Baltimore: Penguin Books, 1975.

Seasoltz, R. Kevin. A Sense of the Sacred: Theological Foundations of Christian Architecture and Art. New York: Continuum, 2005.

Notes


[1] Roland Étienne and Marie-Thérèse Le Dinahet, eds., L’Espace sacrificiel dans les civilisations méditerranéennes de l’antiquité : actes du colloque tenu à la Maison de l’Orient, Lyon, 4-7 juin 1988 Publications de la Bibliothèque Salomon-Reinach (Paris: Boccard, 1991).

[2] En Jn 9:22, 34 probablemente refleja la decisión de las autoridades religiosas judías de expulsar de sus comunidades a aquellos que confesaran que Jesús era el Mesías.

[3] Louis Bouyer, Arquitectura y liturgia (Bilbao: Grafite Ediciones, 2000), 38.

[4] Camille Focant, “Dal tempio alla casa: lo spazio del culto in spirito e verità,” in Spazio liturgico e orientamento, ed. Goffredo Boselli (Magnano: Edizione Qiqajon. Comunità di Bose, 2007).

[5] Wars of the Jews, Book VI, Chapter V.

[6] Rafael Aguirre, “Early Christian House Churches,” Theology Digest 12 (1985).

[7] R. Kevin Seasoltz, A Sense of the Sacred: Theological Foundations of Christian Architecture and Art (New York: Continuum, 2005), 83.

[8] Passio Sancti Justini et Socci 3, en L. Michael White, The Social Origins of Christian Architecture, vol. 2, Texts and Monuments for the Christian Domus Ecclesiae in Its Environment (Valley Forge, Pa.: Trinity Press International, 1997), 42-43.

[9] Vita Alexandri Severi 49.6 cited in C. Kirsch, Enchriridion fontium historiae Ecclesiae et Antiquiae (Freiburg: Herder, 1914), 284.

[10] Paul Bradshaw, The Search for the Origins of Christian Worship: Sources and Methods for the Study of Early Liturgy (New York: Oxford University Press, 2002), 79.

[11] Richard Krautheimer, Early Christian and Byzantine Architecture, 3rd ed., Pelican history of art ; PZ24 (Harmondsworth, Eng. ; Baltimore: Penguin Books, 1975), 24-34.

[12] Leslie J. Hoppe, The Synagogues and Churches of Ancient Palestine (Collegeville, Minn.: Liturgical Press, 1994), 85-89.

[13] Noël. Duval, “L’espace liturgique paléochrétien,” La Maison-Dieu 1993.

[14] Hoppe, 61.


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